Tala

24 ¡Pobre cuerpo que todo ha aprendido de sus padres José e Isaac, y fantásticas manos leales, las que tejen sin ver ni contar, ni medir paño y paño cumplido, preguntando si basta o si es más! Levantando la blanca cabeza ensayamos tal vez preguntar de qué ofensa callada ofendimos a un demiurgo al que se ha de aplacar, como leños de hoguera que odiasen el arder, sin saberse apagar. Humildad de tejer esta túnica para un dorso sin nombre ni faz, y dolor el que escucha en la noche toda carne de Cristo arribar, recibir el telar que es de piedra y la Casa que es de eternidad.

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