Tala
226 Gracias por el sueño que me dio tu casa, que fue de vellón de lana merino; por toda hora en que olí alhucema, por la mañana en que oí las torcazas; por tu ocurrencia de «fuente de pájaros», * por tanto verde en mis ojos heridos, y bocanada de sal en mi aliento: por tu paciencia para poetas de los cuarenta puntos cardinales… Te quiero porque eres vasca y eres terca y apuntas lejos, a lo que viene y aún no llega; y porque te pareces a bultos naturales: a maíz que rebosa la América —rebosa mano, rebosa boca—, y a la pampa que es de su viento y al alma que es del Dios tremendo… Te digo adiós y aquí te dejo, como te hallé, sentada en dunas. Te encargo tierras de la América, ¡a ti tan ceiba y tan flamenco, y tan andina y tan fluvial y tan cascada cegadora y relámpago de la pampa! Guarda libres a tu Argentina, el viento, el cielo y los trojes; * V.O. ha hecho en su jardín de Mar del Plata una fuentecita mínima de piedra donde beben los pájaros. Y la alimenta…
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