Tala

225 Recado a Victoria Ocampo en la Argentina Victoria, la costa a que me trajiste, tiene dulces los pastos y salobre el viento, el mar Atlántico como crin de potros y los ganados como el mar Atlántico. Y tu casa, Victoria, tiene alhucema, y verídicos tiene hierro y maderas, conversación, lealtad y muros. Albañil, plomero, vidriero, midieron sin compases, midieron mirándote, midieron, midieron… Y la casa, que es tu vaina, medio es tu madre, medio tu hija… Industria te hicieron de paz y sueño; puertas te dieron para tu antojo y el umbral tendieron a tus pies… Yo no sé si es mejor fruta que pan y es el vino mejor que la leche en tu mesa. Tú decidiste ser «la terrestre», y te sirve la tierra de la mano a la mano, con espiga y horno, cepa y lagar. La casa y el jardín cruzan los niños; ellos parten tus ojos yendo y viniendo; sus siete nombres llenan tu boca, los siete donaires sueltan tu risa y te enredas con ellos en hierbas locas o te caes con ellos pasando médanos.

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