Tala
223 De Cataluña es la aceituna y el frenesí del malvasía; de Mallorca son las naranjas; de las Provenzas, el habla fina; de unas manos que no se ven son los panes de tierna miga donde la Francia ya se acaba y no comienza Andalucía. Los días son fieles y francos y es más prieta la noche fija. Por los patios corre, en espejos y en regatos, la mocería. El silencio después se raya de unos ángeles sin mejillas, y en el lecho la medianoche, como un guijarro, mi cuerpo afila. Hacía años que no paraba, y hacía más que no dormía. Casas en valles y en mesetas no se llamaron casas mías. El sueño era como las fábulas, la posada como el Escita; mi sosiego la presa de agua y mis gozos la dura mina. Pulpa de sombra de la casa tome mi máscara en carne viva. Pasión mía que la recuerden, espalda mía que la sigan.
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