Tala
22 Nocturno de los te jedores vie jos Se acabaron los días divinos de la danza delante del mar y pasaron las siestas del viento con aroma de polen y sal, y las otras en trigos dormidas con nidal de paloma torcaz. Tan lejanos se encuentran los años de los panes de harina candeal disfrutados en mesa de pino, que negamos, mejor, su verdad, y decimos que siempre estuvieron nuestras vidas lo mismo que están, y vendemos la blanca memoria que dejamos tendida al umbral. Han llegado los días ceñidos como el puño de Salmanazar. Llueve tanta ceniza nutrida que la carne es su propio sayal. Retiraron los mazos de lino y se escarda, sin nunca acabar, un esparto que no es de los valles porque es hebra de hilado metal... Nos callamos las horas y el día sin querer la faena nombrar, cual se callan remeros muy pálidos
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