Tala
20 Esta tierra de muchas criaturas me ha llamado y me quiso tener; me tomó cual la madre a su entraña; me la di, por mujer y por fiel. ¡Me meció sobre el pecho de fuego, me aventó como cobra su piel! Yo no he sido tu fuerte Vicente, confesor de galera soez, besador de la carne perdida, con sus llantos siguiéndole en grey, aunque le amo más fuerte que mi alma y en su pecho he tenido sostén. Mis sentidos malvados no curan una llaga sin se estremecer; mi piedad ha volteado la cara cuando Lázaro ya es fetidez, y mis manos vendaron tanteando, incapaces de amar cuando ven. Y ni alcanzo al segundo Francisco * con su rostro en el atardecer, tan sereno de haber escuchado todo mal con su oreja de Abel, ¡corazón desde aquí columpiado en los coros de Melquisedec! * San Francisco de Sales.
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