Tala

19 Nocturno de la derrota Yo no he sido tu Pablo absoluto que creyó para nunca descreer, una brasa violenta tendida de la frente con rayo a los pies. Yo le quise el tremendo destino, pero no merecí su rojez. Brasa breve he llevado en la mano, llama corta ha lamido mi piel. Yo no supe, abatida del rayo, como el pino de gomas arder. Viento tuyo no vino a ayudarme y blanqueo antes de perecer. Caridad no más ancha que rosa me ha costado jadeo que ves. Mi perdón es sombría jornada en que miro diez soles caer; mi esperanza es muñón de mí misma que volteo y que ya es rigidez. Yo no he sido tu santo Francisco con su cuerpo en un arco de «amén», sostenido entre el cielo y la tierra cual la cresta del amanecer, escalera de limo por donde ciervo y tórtola oíste otra vez.

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