Tala

134 mientras que bajan sus briznas en un racimo de abejas. Caen como abandonados sus gestos que no sujeta y su brazo se relaja, y su color no se acuerda. ¡Y pronto va a estar sin nombre la madre que aquí se mienta, y ya no le convendrán perfil ni casta, ni tierra! Todavía ayer fue una y se podía tenerla, diciendo nombre verídico a la madre verdadera. De sien a pies, era una como el compás o la estrella. Ahora ya es el reparto entre dos devanaderas y el juego de toma y daca entre Miguel y la tierra. Entre orillas que se ofrecen, vacila como las ebrias y ahora sube tomada de otro aire y otra ribera.

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