Tala
109 y como cien madres las palmas, rompió una niña por donaire junto a mi boca un coco de agua, y yo bebí como una hija, agua de madre, agua de palma. Y más dulzura no he bebido con el cuerpo ni con el alma. A la casa de mis niñeces mi madre me traía el agua. Entre un sorbo y el otro sorbo la veía sobre la jarra. La cabeza más se subía y la jarra más se abajaba. Todavía yo tengo el valle, tengo mi sed y su mirada. Será esto la eternidad que aún estamos como estábamos. Recuerdo gestos de criaturas y eran gestos de darme el agua.
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