Ternura
166 El enano miraba pinos que se iban y se venían, por saberse lo que cogían en sus cien puñitos endrinos. Y una vez que la Madrecita lo dejó por adormilado, se subió al empingorotado y se encontró cosa bendita. Topando la piña primera, entró sin doblar la cabeza, y gritó, loco de sorpresa, al encontrar iglesia entera. Oyó una música lejana; vio arder la cera muy contrita, y con su mano de arañita, tomó temblando agua cristiana. Y a la pila de nuez de plata, vino un obispo que era de oro, y bautizó al enano moro mojando su nuca de rata. Se abrió una puerta pequeñita, entró una niña más pequeña, y se allegó como una seña a saltos de catarinita. * * Nombre que se da en México a la mariquita chilena.
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