Ternura
165 El pino de piñas El alto pino que no acaba y que resuena como un río, desde el cogollo a lo sombrío, sus puñitos balanceaba. Unos puñitos olorosos, apretados de su secreto, y al negro pino recoleto tanta piña le daba gozo. Bajo el pino que la cubría, Madrecita Burla habitaba y la vieja feliz criaba enanito que no se veía. Del tamaño de la lenteja, y que nunca más le crecía, en su bolsillo se dormía ronroneando como abeja. Cuando a la aldea iba la vieja, de cascabel se lo ponía, y lo guardaba, si llovía, dentro del pliegue de su oreja... O como rama con madroño, con su vaivén de trotecito, le cosquilleaba el colgadito, o se soltaba de su moño...
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