Ternura
162 Y se fueron los hijos de la empurpurada. Quedose durmiendo y vacía la Madre Granada... Iban como las hormigas, estirándose en ovillos, iguales, iguales, iguales, río escarlata de monaguillos. A la catedral solemne llegaron, y abriendo la gran puerta herrada, entraron como langostinos los hijos de Madre Granada. En la catedral eran tantas naves como cámaras en las granadas, y los monaguillos iban y venían en olas y olas encontradas... Un cardenal rojo decía el oficio con la espalda vuelta de los armadillos. A una voz se inclinaba o se alzaba el millón de los monaguillos. Los miraban los rojos vitrales, desde lo alto, con viva mirada, como treinta faisanes de roja pechuga asombrada.
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