Ternura
140 Nubes blancas Ovejas blancas, dulces ovejas de vellones que subieron del mar, asomáis en mujeres los gestos preguntones antes de remontar. Se diría que el cielo o el tiempo consultaseis con ingenuo temor, o que para avanzar, un mandato esperaseis. ¿Es que tenéis pastor? —Sí que tenemos un pastor: el viento errante es él. Y una vez los vellones nos trata con amor, y con furia otra vez. Y ya nos manda al norte o ya nos manda al sur. Él manda y hay que ir... Pero por las praderas del infinito azur, él sabe conducir. —Ovejas del vellón nevado, ¿tenéis dueño y señor? Y si me confiara un día su ganado, ¿me tomaríais por pastor? Claro es que la manada bella su dueño tiene como allá. Detrás del último aire y la última estrella, pastor, dicen que está.
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