Ternura
139 Echa la simiente El surco está abierto y su suave hondor en el sol parece una cuna ardiente. ¡Oh, labriego!, tu obra es grata al Señor: ¡echa la simiente! Nunca más el hambre, negro segador, entre por tus puertas solapadamente. Para que haya pan, para que haya amor, ¡echa la simiente! La vida conduces, duro sembrador. Canta himnos donde la esperanza aliente; bruñido de siesta y de resplandor, ¡echa la simiente! El sol te bendice, y acariciador en los vientos Dios te bate la frente. Hombre que voleas trigo volador: ¡prospere tu rubia simiente!
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