Ternura

127 Carro del cielo Echa atrás la cara, hijo, y recibe las estrellas. A la primera mirada, todas te punzan y hielan, y después el cielo mece como cuna que balancean, y tú te das perdidamente como cosa que llevan y llevan... Dios baja para tomarnos en su viva polvareda; cae en el cielo estrellado como una cascada suelta. Baja, baja en el Carro del Cielo; va a llegar y nunca llega... Él viene incesantemente y a media marcha se refrena, por amor y miedo de amor de que nos rompe o que nos ciega. Mientras viene somos felices y lloramos cuando se aleja. Un día el carro no para, y ya desciende, ya se acerca, y sientes que toca tu pecho la rueda viva, la rueda fresca.

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