Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

70 olga poblete cómo transcurría la vida de los demás. Intervino para calmar su con- ciencia, siempre con la esperanza de volver a su trabajo pedagógico, a su cátedra en la Universidad, a sus libros. La arrastró el torbellino y sin ninguna pretensión de líder fue protagonista y dirigente de gran- des y memorables batallas. Mientras tanto, también escribió libros y formó a varias generaciones de universitarios. Pocas veces había hablado de su propia vida. Ella declara que es una característica del historiador, pero pensamos que en su caso operan también el pudor y el hecho de que esta mujer pequeña y de engañosa apariencia frágil, ha guardado para sí misma una preocu- pación que apenas cuenta ante el tiempo –verbo y acción– que ella ha dedicado a los demás, en las aulas, en la tribuna, en las organiza- ciones sociales. Aprovechando un viaje suyo a Europa, hablamos con ella en Pa- rís durante un largo día invernal. Conversamos de los años pasados y de los que se viven hoy en Chile. No escatimó opiniones, y pregun- tada por nosotros sobre la pertinencia de la publicación de algunas de ellas (volvía luego a Chile, donde vive), nos dijo que nunca había ocultado lo que pensaba y que jamás le hizo a nadie el regalo de aco- modar sus juicios. —Usted que ha escrito y hablado sobre tanta gente de la historia del pa- sado y el presente no es mucho lo que ha dicho sobre sí misma. ¿Dónde transcurrieron sus primeros años? —Es curioso: a los historiadores de profesión nos cuesta hacer nuestra propia biografía. Tal vez es un complejo frente a la gente realmente importante de la que nos ocupamos. Nací en el norte hace setenta y ocho años, en Tacna. Mi madre, Luisa Poblete, era de una familia pobre, de trabajadores «en lo que viniera». Sus hermanos eran numerosos y solo uno alcanzó a llegar a las Humanidades. Era el intelectual de la familia. Mi padre desapareció apenas nací y fui la única hija de una valerosa madre soltera. Ella se fue a Santiago, tal vez pensando en mi destino futuro. Entonces era muy joven y, además, hermosa. Conoció a unas amigas que hacían unos cursos de parteras en el hospital San Borja y decidió inscribirse en ellos. El escándalo en la familia fue mayúsculo: mi abuelo y mis tíos le de-

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