Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

490 olga poblete Guerras colonialistas e imperialistas, devastadoras y feroces re- presalias, fueron la contrapartida de las luchas contra la sujeción co- lonial: Indochina, Argelia, Congo, Uganda, Ghana, Mozambique, Angola, Camerún, Cabo Verde, Rodhesia, entre otras. Después de la primera guerra mundial los territorios coloniales cubrían el 77% de la superficie terrestre y el 69% de su población mundial. En 1964: 7,7% de la superficie y 1,7% de la población. En octubre 1960, la onu aprobó la resolución de poner fin al colonialismo: «la sujeción de los pueblos a una dominación y explo- tación extranjera, constituye una negación de los derechos funda- mentales del hombre, es contraria a la Carta de la onu y compromete la causa de la paz y cooperación mundiales». A fines de esa década, eran sesenta los nuevos Estados africanos. En 1970 casi mil quinientos millones de personas componían este mundo que entraba a la independencia, pero en condiciones tan de- plorables que necesitaría más de ochenta años para alcanzar el nivel de vida de los países desarrollados. Refiriéndose a la política de los gobiernos de las grandes potencias hacia las naciones que emergían del colapso colonial, Tom Mboya, uno de los líderes de la liberación de Kenya sostenía que «el principal error de aquellas es que olvidan que también nosotros vivimos en el siglo veinte». El complejo proceso de descolonización sigue hasta nuestros días. Implica no sólo cambios políticos y económicos, sino también de con- ductas, eliminación de prejuicios y subvaloración de los pueblos que se liberan y de sus culturas nativas. El racismo ha marchado a parejas con el neocolonialismo. Los pueblos de color han sufrido el peso de la discriminación, en todas sus formas, desde que se abatieron sobre ellos las empresas civilizadoras de conquista y dominación. El emi- nente indigenista, Dr. Alejandro Lipschutz, llamó pigmentocracia a estas estructuras jerárquicas basadas en un concepto racista. Hasta hoy nuestra población aborigen, mapuches, pehuenches, huilliches viven bajo el peso de esta segregación económica, social y cultural. La tarea descolonizadora es monumental: montar el aparato Estatal, construir una economía que lleve a un desarrollo efectivo, integrar una nación y rescatar su identidad cultural. El apoyo inter- nacional es imprescindible siempre que éste no sea vehículo de la

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