Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

433 IV. Internacionalista y militante de la paz cólera, la viruela y la bubónica, haya podido transformarse de súbi- to en pueblo limpio, sano y alegre. Y, sin embargo, es así. La señora Poblete atribuye este salto brusco a la inmensa obra realizada por los nuevos gobernantes. Seguramente tiene razón. Sin ellos, la transfor- mación habría sido imposible; pero es preciso agregar otros factores imponderables para que la maravilla pudiera realizarse. Uno de ellos es, sin duda, la especialísima naturaleza del pueblo chino. Sensitivo, afectuoso, imaginativo. Crédulo e ingenuo. Varios millares de años de esclavitud ominosa no han logrado cambiar su natural composi- ción anímica. Vivió admirando como a seres extraordinarios a sus emperadores, a sus poetas y sabios, a sus filósofos, a sus refinados aristócratas, a sus crueles terratenientes. Soportó mutilaciones con la impasibilidad de los árboles del bosque que caen bajo el hacha tala- dora. No podían aprender el tremendo alfabeto chino, sólo accesible a ricos y poderosos. Pero, de pronto, hombres nuevos vienen a con- tarle al oído que todo es posible para él. Que podrá evitar las pestes, que un leve esfuerzo le permitirá aprender los caracteres chinos re- formados, que la tierra les pertenece por derecho natural, como el agua y el aire, que la sabiduría literaria y científica la tienen al alcance de la mano, que es fácil vivir con decencia y limpieza, que el esfuerzo colectivo puede transformar los fenómenos exterminadores en man- sos aliados del hombre... Y el milagro se produjo. Espontáneo. Fulminante. Es necesario agregar otros factores que contribuyeron a acelerar el proceso de la transformación de China. Uno de ellos es el triunfo de la revolución civil armada que encabezó Mao Tse Tung. El prestigio de un general que logra aniquilar al enemigo es de una importancia transcendental en el desarrollo de los pueblos, tanto más cuanto ese triunfo viene respaldado por las masas populares. Mao Tse Tung y sus inteligentes colaboradores, hombres dotados de profunda conciencia humana, supieron captar el dolor de un pueblo humillado durante siglos y lo atrajeron a su causa. Y no lo hicieron con vanas palabras y abstrac- tas ideologías; a medida que avanzaban los ejércitos venidos desde el norte árido y pobre, iban ofreciendo a las masas campesinas el hecho concreto de una sabia y justiciera reforma agraria, de una reforma educacional que alfabetizaba a las masas ignaras y les proporciona-

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