Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

38 olga poblete ria como Olga Poblete, Elena Caffarena, Elena Pedraza, Inés Erazo, Aída Parada y otras feministas de inicios del siglo se volvieron verda- deros tesoros vivos para las nuevas generaciones, que comenzaban a descubrir una historia que les era completamente desconocida: En otra ocasión, una periodista nos invitó a Elena Caffarena y a mí para que le habláramos del memch a un numeroso auditorio de mujeres jóvenes. Nos miraban como curiosidades históricas, no tenían la menor idea de lo que había sido ese movimiento. Se interesaron en todo lo que dijimos y creo que al final ya no les parecíamos unas antigüedades de izquierda (Mansilla, 1986, p. 124). Estos encuentros les permitieron iniciar el diálogo con feministas de una nueva generación como Julieta Kirkwood, Paulina Weber, Teresa Valdés, María Antonieta Saa, Sandra Palestro, Eliana Largo, entre muchísimas otras. A partir de estos contactos entre generacio- nes, Olga, Elena Caffarena y Elena Pedraza comenzaron a reconocer la importancia de reunir y publicar el material que documentaba la historia del movimiento feminista de los años treinta y cuaren- ta. «Elena me dijo después: «¿Por qué no editamos un libro sobre el memch? Puede ser útil para crear un amplio frente de mujeres»» (Mansilla, 1986, p. 124). Durante esos años la preocupación perma- nente de Olga por la producción escrita, el registro y el archivo la llevaron también a debatir con la tesis de Julieta Kirkwood, en par- ticular con respecto a que, tras la disolución del memch, se habría producido un «silencio feminista». A su juicio, el problema no había sido la interrupción de la acción política, sino la falta de sistemati- cidad en su registro. La ausencia de archivos, actas, cartas y docu- mentos había generado un vacío documental que distorsionaba la percepción histórica. En una entrevista con Diamela Eltit, Olga lo expresó con claridad: En gran parte se debe a la falta de testimonio escrito. No hay memoria si no queda estampada, si no hay un pequeño relato, si no se puede referir a una determinada serie de artículos, por ejemplo. Si no queda a la letra estampado el hecho, se pierde la

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