Desolación
35 Aún me quedan jornadas bajo los soles. ¿Cuándo verte, dónde encontrarte y darte mi aflicción, sobre la Cruz del Sur que me mira temblando, o más allá, donde los vientos van callando, y, por impuro, no alcanzará mi corazón? Acuérdate de mí —lodo y ceniza triste— cuando estés en tu reino de extasiado zafir. A la sombra de Dios, grita lo que supiste: que somos huérfanos, que vamos solos, que tú nos viste, ¡que toda carne con angustia pide morir!
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