Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
189 II. pedagoga de la historia determinados tipos de valores» 32 . Estas nociones han reforzado, a través del tiempo, notorias desigualdades entre hombres y mujeres y cristalizado diversas formas de discriminación que operan directa o encubiertamente, como ocurre en el caso de la educación. El feminismo chileno tiene una larga aunque ignorada historia. Si queremos limitarla en el tiempo, digamos para empezar, que a mediados del siglo pasado, un hombre perspicaz, Martín Palma, re- sumió de modo sorprendente para la época, su juicio acerca de las condiciones en que vivían las mujeres chilenas: «La situación que actualmente ocupa la mujer no proviene de la naturaleza, sino de su educación; no es el resultado de su debilidad, sino de su esclavitud. Criada bajo una vigilancia severa, sus pasos todos están marcados a una pauta infalible, no dejándole nuestro orgullo un momento de expansión, un instante de libertad. Limitándola a un estrecho círcu- lo de ideas, la hemos hecho incapaz de grandes acciones. Obligándo- la a circunscribirse a una pequeña esfera, ha adoptado por principio nuestras aberraciones y despotismo… Nada de libertad: su vida está encadenada a un continuado pupilaje ejercido en todos los instan- tes. Principia por el protectorado del padre, sigue por el del marido y acaba por último con el del hijo. ¿Dónde está la expansión de ese ser? ¿Dónde su obrar activo, inteligente y productor? ¿Cuáles son las funciones que le han acordado? ¿Cuál es el rol?... La mujer, esa her- mosa mitad del género humano no tiene más rol en el progreso que el coser, criar, barrer y peinarse: todas las otras funciones, en nues- tro ilustrado juicio, no son de su resorte. Nada le atañe: la política, el gobierno, la justicia, la ciencia son un contrasentido. Y cuando una mujer sale de la esfera común que le hemos marcado, cuando por una casualidad arrolla con las preocupaciones y rebasa el límite adonde se detienen las otras, estamos más bien dispuestos a criticarla que a venir en su ayuda; teniendo la infeliz que cargar con el peso de todas las preocupaciones sociales, con el peso de esa ignorancia ciega… Nosotros somos víctimas de nuestros errores; hemos suje- tado a ese ser, lo hemos aprisionado, lo hemos hecho nulo para el 32 Ibídem .
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=