Desolación

9 Yo escribo sobre mis rodillas y la mesa o escritorio nunca me sirvió de nada, ni en Chile, ni en París, ni en Lisboa. Escribo de mañana o de noche, y la tarde no me ha dado nunca inspiración, sin que yo entienda la razón de su esterilidad o de su mala gana para mí… Creo no haber hecho jamás un verso en cuarto cerrado ni en cuarto cuya ventana diese a un horri- ble muro de casa; siempre me afirmo en un pedazo de cielo, que Chile me dio azul y Europa me da borro- neado. Mejor se ponen mis humores si afirmo mis ojos viejos en una masa de árboles. Mientras fui criatura estable en mi raza y mi país, escribí lo que veía o tenía muy inmediato, sobre la carne caliente del asunto. Desde que soy criatura vagabunda, desterrada voluntaria, parece que no escribo sino en medio de un vaho de fantasmas. La tierra de América y la gente mía, viva o muerta, se me han vuelto un cortejo melancólico pero muy fiel, que más que envolverme, me forra y me oprime, y rara vez me deja ver el paisaje y la gente extranjeros. Escribo sin prisa generalmente y otras veces con una rapidez vertical de rodado de piedras en la cor- dillera. Me irrita en todo pararme y tengo siempre al lado, cuatro o seis lápices con punta porque soy «Cómo escribo»

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