Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
486 olga poblete nas, sectores poblacionales, sindicales, partidos políticos, periodistas, parlamentarios, magistrados. Cierto es que quedamos, por mucho tiempo o definitivamente, sin algunas y algunos amigos. Más de una vez, mujeres de capacidad y talento al frente de entidades culturales e internacionales nos rehuyeron. Por allí queda alguna carta respuesta al Comité Chileno Pro Paz que las invitaba a compartir iniciativas, escritas con ese estilo impersonal que esquiva la negativa categóri- ca y refleja la desconfianza. En cambio, después de reuniones para evaluar, programar y proyectar el naciente movimiento, se sentía el pulso del esfuerzo de quienes asumían responsabilidades. Pese a la ausencia de medios, no se limitó ese desarrollo. Las carencias se su- plieron con generosas horas extras y la relación animadora de viven- cias recogidas en las reuniones más variadas. Militancia es sustantivo evocador de grandes gestas sociales, re- ligiosas, políticas. No nació con el signo peyorativo con que hoy se aplica. Militancia es profesión de fe, convicción arraigada, íntima, que consagra compromisos con ideas y valores, cuya defensa y apoyo conducen al cumplimiento de determinados propósitos. Es conduc- ta que se alimenta y desarrolla en la acción regular y proseguida sin desmayo. Abundan ejemplos a través de la historia. El pacifismo es uno de ellos y el que nos tocó vivir en el Movimiento de Partidarios de la Paz, que fue definiendo sus rasgos, contenidos y conducta a tra- vés de los hechos mismos. Nos llevó tiempo explicitar objetivos y vías para cumplirlos. Era preciso saber, reunir datos, noticias; encontrar los métodos para co- municarse y articular la participación colectiva, planear actividades concretas, su oportunidad, lugar y medios para llevarlas a cabo; cul- tivar la capacidad para observar, recoger sugerencias y deducir con- clusiones que enriquecieran el trabajo colectivo o corrigieran errores. La militancia de la paz fue una gran escuela de comunicación social en tiempos en que no existían academias para entregar re- cetas. Queríamos ser creativas y oportunas, no simples repetidoras y discursivas. Los rápidos cambios que se sucedían tanto en la es- cena interna como en la internacional fueron desafíos agotadores. En contacto con el pueblo se aprendía a tener valor y decisión para avanzar. Más de alguna vez desfilamos con unas pocas mujeres y ni-
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