Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
472 olga poblete mundo de un ataque nuclear, instalando flotas de misiles en el es- pacio alrededor de la Tierra, lo que equivale a trasladar al cosmos la carrera armamentista. La ide está definida desde los comienzos del gobierno de Reagan en la Guía para la Defensa en 1984-1988, como la elaboración de un sistema de emplazamiento espacial que sirviera a los emplazamientos de misiles de los Estados Unidos. Desde los años sesenta aparecen acuerdos y proposiciones con- cretas en las Naciones Unidas a fin de cautelar el espacio cósmico de la militarización: «Según nuestra profunda convicción, no hay que avanzar hacia el tercer milenio con el programa de la ‘guerra de las galaxias’, sino con proyectos de gran envergadura relativos a la explo- ración pacífica del espacio por toda la humanidad» (Pj. 12). Las políticas de guerra y el armamentismo revirtieron el proce- so. Nuevamente, en 1981 y 1984, en las Asambleas Generales de las Naciones Unidas, a iniciativa de los países socialistas y países no ali- neados, volvió al tapete de las discusiones la prohibición de empla- zar armas en el espacio cósmico. La proposición fue aprobada por la inmensa mayoría de las delegaciones, pero la delegación norteameri- cana votó en contra en 1981 y en 1984 se abstuvo. A fines de 1986, la Federación de Científicos Norteamericanos publicó los nombres de las veinte compañías contratantes del proyec- to ide que, de hecho, desde 1983 estaban trabajando en las distintas partes del programa. Esta es la clave de la arrogancia de las declara- ciones del Presidente Reagan al International Herald Tribune , febrero 1985, señalando que «continuará los preparativos para la guerra de las galaxias independientemente de cualquier acuerdo que se pueda lograr con la Unión Soviética, incluso si las potencias nucleares acor- dasen abolir todas las armas nucleares». Para los vastos sectores de la opinión pública mundial que exigían cortar la carrera loca hacia el abismo, estas declaraciones resultaron intolerables. En Estados Uni- dos hubo variadas expresiones de rechazo a la escalada armamentista que desataría el programa ide. Siete mil científicos norteamericanos, que trabajan con ciento diez instituciones y centros de investigación, se comprometieron a boicotear los proyectos que tengan que ver con la guerra de las galaxias. Peter Hagelstein –arquitecto de los láseres
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