Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
461 IV. Internacionalista y militante de la paz entre los cuales es sorprendente el de lasMujeres Norteamericanas por la Paz (Women Strike for Peace), capaz de sacar a la calle en pocas horas a diez mil manifestantes, como ocurrió en la pasada crisis del Caribe. América Latina no puede quedar, en modo alguno, al margen de esta poderosa corriente pacifista que busca el desarme y el empleo de la negociación en la solución de los conflictos. En varios de nuestros países, Movimientos de la Paz desarrollan sus actividades y ligan el anhelo de paz, la necesidad del desarme general, con la solución de sus numerosos problemas sociales, económicos y culturales. Recien- tes acontecimientos internacionales pusieron de relieve en nuestro continente la inminencia del peligro de una guerra nuclear. El arbi- trario bloqueo de Cuba decretado por el gobierno de ee.uu ., junto con poner al hemisferio y al mundo al borde de la guerra, demostró además cuán ligada a una política de guerra se encuentra América Latina, gracias a los pactos militares y diversos compromisos que, so pretexto de defensa hemisférica, ha contraído la mayoría de nuestros gobiernos con el gobierno de Washington. De ahí que nos parezca necesario redoblar los esfuerzos en fa- vor de la más amplia divulgación de los postulados del Movimiento Mundial de la Paz y, en particular, de la actual campaña mundial por el desarme general y completo. Desarme general, ¿una utopía? Dentro del panorama del desarrollo actual del mundo, de la amplia- ción considerable del campo de las fuerzas pacíficas, de los niveles alcanzados por los avances científicos y técnicos, la guerra ha dejado de ser una fatalidad inevitable. Por otra parte, un serio análisis de las situaciones de producción, inversiones, ocupación, permite asegurar que el desarme es perfectamente posible, que los pueblos pueden operar una reconversión de las industrias y trabajos que actualmente funcionan para la defensa y volcarlas a la construcción pacífica lle- nando los inmensos déficits sociales y económicos que aquejan a casi dos tercios de la actual población del globo. Quienes rechazan la posibilidad de llegar al desarme y lo califi- can de utopía, caen, en cambio, en la insensatez de admitir como
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