Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

458 olga poblete punto donde un pueblo entero se moviliza para conquistar el Año de la Educación. No es accidental que el presidium de esta Conferencia se integre con tantas y tan diversas personalidades. Felices ustedes, mexicanos, que pueden brindar a sus hermanos de América Latina la ilustre compañía de un constructor de la patria, como el señor Lázaro Cár- denas. Las personalidades latinoamericanas que con él integran esta mesa presidencial son por sí mismas y por lo que cada una representa otros tantos símbolos de esta nueva realidad del continente. Y como nuestra América ingresa en la amplia universalidad de esta hora, es- tán junto a nosotros hombres y mujeres de Europa, Asia y África, delegados abanderados del Consejo Mundial de la Paz, elegidos en- tre algunos de los más ilustres de esta noble causa. A través de ellos está presente en estos momentos el mundo socialista. Este es un ras- go más que agregar en abono de la trascendencia de nuestra reunión Latinoamericana. No queremos vivir en un mundo dividido. Nos negamos a ignorar la realidad de las brillantes construcciones del so- cialismo. Nos honra su presencia y sabemos que ellos participarán también de este encuentro, enriquecidos con una nueva percepción de este mundo americano. Hablaremos de la paz en nuestras sesiones de trabajo y tratare- mos de comprender el significado de la «palabra maldita» como la llamara la maestra poetisa Gabriela Mistral. Intentemos esclarecer, como decía alguien, la política de guerra y la política de paz. Am- bas configuran un ambiente total de vida, penetran pensamiento y conducta, trascienden en los frutos de la creación humana, dan fiso- nomía a una sociedad. Vivimos hoy bajo la amenaza constante del armamentismo termonuclear. Directa o indirectamente lo sufrimos en nuestra América Latina. Examinemos cifras, datos, argumentos concretos en nuestros debates, sin temor a la «palabra maldita», cier- tos de que la paz es una e indivisible, sin distinciones entre capitalis- mo o socialismo, Washington o Moscú. No hemos estado, como otros pueblos de la tierra, en el cen- tro mismo de las guerras mundiales. No hemos experimentado la feroz destrucción material, humana, moral sufrida por la humani- dad europea, africana y asiática. A veces nos pasan inadvertidos sus

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