Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

457 IV. Internacionalista y militante de la paz abstracciones. Ingenuo sería pretender agotar en breves horas la dis- cusión de los puntos centrales de nuestro orden del día. Sin embar- go, el diálogo que entablamos permitirá comprender la magnitud de la lucha en que están empeñadas las fuerzas patrióticas, democráticas y pacifistas de América Latina, y destacará la responsabilidad que les atañe en esta segunda etapa emancipadora. Si somos capaces de ver claros los objetivos, estaremos en condiciones de superar las contra- dicciones más próximas que nos separan, en beneficio de una con- centración y reagrupamiento de todos aquellos sectores más puros y más vivos, decididos a dar la batalla en cada uno de nuestros países, contra los grandes obstáculos internos y foráneos responsables direc- tos de nuestro actual estancamiento. En la medida en que logremos fortalecer y unificar la lucha popular en cada una de nuestras patrias podremos avanzar hacia la conquista de la gran patria latinoamerica- na, libre del coloniaje y la servidumbre. Toda decisión implica un compromiso. No tememos compro- meternos en la causa de América Latina, la causa de nuestros pue- blos. Nos predican el no compromiso, la no contaminación, quienes pretenden así amedrentarnos para que prevalezcan la división, la des- confianza, el aislamiento. No nos devolverán ni siquiera la libertad menoscabada los que con la adulación o la amenaza nos conminan a mantenernos dentro de un orden de cosas que se ha demostrado incapaz de resolver la creciente complejidad de nuestras dificultades. Hay otro ángulo desde el cual deberemos enfocar nuestras de- liberaciones en esta Conferencia. La realidad latinoamericana es inseparable del acontecer mundial. Inútiles son las tentativas para aislarnos de la caudalosa y turbulenta corriente de sucesos que con- mueven a otras regiones y pueblos de la tierra. Golpean por igual en nuestra vida diaria los gastos militares que nos privan anualmente de millares de viviendas, hospitales y escuelas, como la última explo- sión nuclear en el Sahara, la brutal represión policial y la matanza, tras los muros bien guardados de la dictadura, como la intervención colonialista que asesina a los líderes del pueblo. Es esta misma estre- cha dependencia del curso mundial de los sucesos la que nos lleva a buscar esperanzados, en el cielo, la señal del último satélite lanzado por el hombre, y a ubicar en el mapa de nuestra América el pequeño

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