Palabras para la memoria. Recinto poético para el nunca +
81 Sombras nada más, acariciando mis manos, sombras nada más, en el temblor de mi voz. No existía poesía en mi cabeza, pero sí los manuales de la Harnecker y folletos de Lenin y Carlitos enterrados junto al baño familiar. Nos hicimos comunistas a escondidas de la madre y del padre empobrecidos, del vecino policía y sus parientes, y del hombre de gafas que limpiaba los Opala de la Ce eNe I. Y al final de las bombas lacrimógenas, de canciones de protesta y de mitines, el país llegó para quedarse en la cumbre del tiempo y de la lluvia como un ebrio dormido entre los rieles y las fieras cañas de cicuta levantadas por el viento y por la luz.
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