Palabras para la memoria. Recinto poético para el nunca +
78 Almanaque Padecí el cáncer marxista en la flor de la niñez, propagado por un grupo de estudiantes que compraba a mi madre veinteañera panes dulces y calugas preparadas con la leche y el azúcar cubano de las JAP . No existía poesía en mi cabeza en ese tiempo, florecían los cerezos y manzanos solamente sin salitre, sin urea, sin fosfato en los patios tomados a los dueños de los verdes y feraces territorios del profundo sur. No existía poesía en esa calle, solo el paso semanal de tractores rumanos y soviéticos, conducidos por alegres campesinos que se iban de compras y de putas a los anchos caserones de la vieja avenida Arturo Prat. Serafín, mi vecino comunista, saludaba esos convoyes con banderas y retratos de Allende y del Che.
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