Palabras para la memoria. Recinto poético para el nunca +

171 junté guitarras retorcidas y venas de fuego, al amanecer estábamos juntos en la pieza del motel viendo una película de caníbales, la maldad voltaica se levantaba de las uñas abriendo un túnel dentro de las montañas llovía en ese amanecer, tomamos un taxi, y fuimos a ese túnel y en mitad de él las gitanas con pestañas centelleantes yacían colgadas en ganchos como reflejadas en aguas de fuentes de plazas públicas al salir de ese túnel, todo parecía desvaído como un negativo fotográfico». Ella decía: «desde esa noche, un árbol de manos ponía en todos los sexos los rituales del cielo, y así al fondo de mí misma recordaba quién me desnudó como un astro que choca contra un cementerio

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