Aguas abajo

La casa fue primero de quincha con revoque de barro. Pero, al correr del tiempo, el hombre empezó a subir la- jas del río y alrededor de las paredes ya existentes hizo otras de piedra. Era como una casa metida dentro de otra casa. O, mejor dicho, como una habitación metida dentro de otra habitación, porque la casa no era sino ese espacio doblemente murado, con una puerta y dos ventanucos, si bien la rodeaban varios cobertizos que servían de cocina, establo y apeadero. Junto al alto muro de la montaña, la casa se guarecía del viento en una entrante de la roca. Un tajo, en cuyo fondo corría el río, la separaba de la montaña fronteriza. En verano el caudal del río era mísero entre las are- nas y las piedras ocres; en otoño aumentaba hasta tra-

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