Aguas abajo

68 punto rojo. De pronto se volvió a la puerta que daba a la habitación del hombre. —Agora gané yo…, y pa siempre… ¡ Je! —lo dijo, creyó decirlo, pero de la boca cerrada, como trancada por el labio inferior, no se movió un músculo ni salió un sonido. Entonces se alzó a cerrar la puerta de entrada. Pero no la cerró, la dejó abierta. Abierta, porque para los otros el hombre todavía podía volver.

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