Aguas abajo
40 rreara en la Independencia. Le dijo Esperanza lo mismo que ya le había dicho a la patrona. E inmediatamente el patrón hizo venir a Eufrasia. Diez minutos después sa- lía del escritorio una vieja asequible que se cruzaba con Bernabé —también mandado a llamar por el patrón—, al que saludaba con frío comedimiento: —Güenas tardes. A lo que el hombre solo atinó a contestar con un gruñido ininteligible. Adentro el patrón le dijo: —Bien. La Eufrasia está conforme con que te cases con la Esperanza. Eres serio y trabajador. Como el ca- sado casa quiere, te voy a dar el rancho de don Vallada- res en la laguna. Valladares quiere venirse para acá, para estar cerca de la escuela y educar a su parvada de chi- quillos, deseo que me parece muy sensato. Te casas y te vas para arriba. El rancho es nuevo. Y allá tienes trabajo para años, que todavía queda por cercar todo ese lado que linda con las termas. Ya hablaré con el administra- dor sobre las condiciones en que te irás. Y ahora a ser un hombre cabal y a portarse muy bien con la Esperanza. Contestó Bernabé con otro gruñido ininteligible, dio dos o tres vueltas a la chupalla entre sus manazas, aga- chó la cabeza y como embistiendo se dirigió a la puerta. Parecía casi rectangular, con los hombros horizontales y unos enormes pies cuyas puntas se volteaban hacia afuera, colgantes los brazos y todo él anudado de fuer-
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