Aguas abajo

Cuando Esperanza dijo que quería casarse con Berna- bé, la madre, en respuesta, le dio una paliza, manera bastante simple, pero que ella estimaba infalible, para quitarle la idea de la cabeza. La muchacha no dio un grito y en cuanto pudo escapó a contarle a la patrona sus cuitas. —¡Hasta cuándo no me va’ejar casarme! Cada vez que tengo un pretendiente me lo espanta. Al mocetón de los Machuca lo corretió a lo qu’es piedra de honda. Y sin contar con las apaliaduras que me da. Hable su mer- cé con ella y llámela a razón. Ando en los veinte años. ¿Es que me quere ejar pa vestir santos? La patrona la miraba, vagamente reflexiva. No era extraño que tuviera pretendientes, linda, bien enseña-

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