Aguas abajo
14 rural. Nada parece haber en común entre la decidida Eufrasia de «Piedra callada» y la mujer que se refugia en las melodías del fonógrafo cada noche de sábado en «Soledad de la sangre» o aquella que vive con su fami- lia al margen de todo desarrollo humano, arrancando el sustento a la naturaleza en «Aguas abajo». Sin embar- go, Brunet se encarga de ofrecernos momentos en que podemos espejearlas y verlas converger en una misma inquietud por un mañana inesperado e incierto. En efec- to, los tres relatos, más allá de sus diferencias, nos llevan a una escena similar en que observamos a mujeres, en medio de una envolvente soledad, enfrentándose al fin de todo lo conocido y al inicio de lo nuevo. Aguas abaj o es un libro fundamental en la trayec- toria literaria de Marta Brunet, la expresión más ela- borada y madura de un proyecto estético que inició décadas antes. Desde su primer libro, Montaña adentro (1924), Brunet llamó la atención de la crítica al pro- poner una estética distanciada de la escuela criollista, diseñando mundos campesinos que no buscaban ser un reflejo de la realidad natural y social de las pro- vincias. Si bien hay en Montaña adentro una evidente crítica a las condiciones de explotación y pobreza del campesinado, la novela estaba lejos de ofrecer un cua- dro preciso del sur de Chile: su atención se centraba menos en la descripción detallada del paisaje y las cos- tumbres locales y mucho más en la vida, las decisiones
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