Opinión pública contemporánea: otras posibilidades de comprensión e investigación

208 – Opinión pública contemporánea modo, sus reuniones, la prensa que pregonaban, sus discursos, constituían la OP (Capellán de Miguel, 2008). El sujeto de la OP es uno digno, conscientemente de- limitado, parte de la población con la suficiente capacidad intelectual o económica y que expresaba su opinión política mediante el sufragio censitario. Solo los grupos altos tienen una opinión válida y racional, mientras que el vulgo era considerado irracional y pasional (Osborne & Rose, 1999). Cuando el problema deja de ser la disputa por el poder, dado el triunfo de la burguesía, pasa a ser el del control social, en tanto las “masas” adquieren mayor espacio en el mundo político, ya sea mediante la movilización espontanea o la participación electoral (Almazán, 2012). La OP se extiende a otras capas sociales, a la “masa” irracional. Su nueva iden- tificación poblacional puede desbordar el sistema político. Aquello converge con la preocupación ya anidada de encontrar formas de medir entidades intangibles (la OP será precisamente una de ellas), de manera asertiva y científica (Mañas, 2008). Es así como el desarrollo de las matemáticas en torno al muestreo representativo (Ma- ñas, 2008; Osborne & Rose, 1999), los nuevos conceptos y métodos de la naciente psicología social (Almazán, 2012) y el temor a “las masas” estructuran un frente que constituye la versión moderna de la OP, en su reducción a las encuestas. La encuesta como dispositivo metodológico deshace “la masa” en individuos atomizados, con- virtiéndola en un agregado de opiniones individuales respecto de los tópicos de inte- rés público (Almazán, 2012). La OP ya no se funda en la capacidad de razonar sobre una opinión, sino que en la cantidad de personas que la suscriben (de la calidad se pasa a la cantidad). El problema de la OP deja de ser la crítica del gobierno, pasando a ser la reducción psicológica mediante la cual la racionalidad de las actitudes de los individuos se pone a prueba con el método empírico de la estadística (Mañas, 2008). El control ya no es hacia arriba, sino que hacia abajo. La masa ya no es de temer, pues el sondeo constituye un artefacto que la conoce para controlarla, generándose un nuevo vínculo entre OP y democracia (Osborne & Rose, 1999), esta vez positivo y ya no temeroso. La encuesta permite a la gente sentir- se partícipe de la democracia y que se interese en los asuntos públicos (Gallup, 2012). Por otra parte, es constatable que los estudios sobre el campo de la OP a nivel nacional tematizan escasamente la fundamentación de la misma. Existen investiga- ciones sobre los temas tratados en las encuestas de OP ( Jara & Tapia, 1995) o de las tendencias valóricas que se estudian mediante los sondeos (Catalán &Manzi, 1998). Es un modo superficial de estudiar el campo de la OP, centrado en la lectura de los temas tratados y no en los elementos que lo definen como tal a nivel de la constitu- ción de saberes. Sunkel (1989; 1992), Brunner & Sunkel (1993), analizan niveles de uso de la investigación de OP, la cual: resuelve los problemas técnico-comunicacionales de las campañas políticas, identifica los asuntos que merecen atención pública y sugiere

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