Estética de la intemperie: lecturas y acción en el espacio público

Estéticas de la Intemperie 204 Dice Marta Colvin: Creo que ahora hay más conciencia de la función social del arte. Antes el arte era sólo para minorías. Ahora está entrando en la vida. Se está abriendo una vía ancha donde van a caminar los jóvenes. Con ese espíritu hemos salido a las poblaciones. Había que dar una demostración a los alumnos de que estas cosas eran posibles. La escultura era una sirena con dos colas; se mueve al primer viento y brilla al sol, y tiene por fondo la cordillera. Ahora me dicen que todos los pobladores quieren retratarse con la Pincoya. Colección Biblioteca Nacional, La Nación, Santiago. Talleres Gráficos, La Nación, 1917 - v (30 dic. 1970). Marta Colvin desarrolló el proyecto Homenaje a la Pincoya , el cual gestionó con una empresa y extendió a los alumnos, siendo más tarde éste el origen del nombre de la población La Pincoya. Nos encontramos con una relación viva de un hacer artístico universitario proyectado a un lugar, a una comunidad, la que además brinda el nombre. Es decir, no es casual el nombre de La Pincoya. ¿Cómo obtuve esto? A través de conversaciones con los pobladores a principios de los años 90. En otro texto, parte de una reciente entrevista al profesor Luis Montes, cuyo título es Las cosas cambiaron radicalmente, él alude nuevamente a ésta escultura -sirena-, donde la pregunta sagaz de la periodista era: ¿Qué significó ser alumno de Marta Colvin cuando ella estaba en escena? Ella estaba en pleno apogeo. Ese mismo año le dieron el premio en la Bienal de Sao Paulo. Por lo tanto, era la figura escultórica en ese momento; aquí e internacionalmente, ya era muy reconocida. Nosotros no teníamos conciencia de quién era y después de un par de meses empezamos a saberlo. Era muy dulce, humilde, nunca arrogante, muy maternal, muy pedagoga y comprometida. Te

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=