Optimización del riego en paltos y cítricos

La baja eficiencia de los riegos tradicionales, también llamados “gravitacionales” (surcos, bordes, inundación), entendiendo eficiencia como la producción (kg) por m 3 de agua de riego utilizado (Martínez y Peralta, 2000), es uno de los problemas clave que se debe abordar para mantener la sostenibilidad de la agricultura. En palabras simples, la introducción de tecnología de riego más eficiente viene asociada a la “promesa” de una producción igual o mayor, pero con menos agua utilizada. La “promesa” es válida, sin embargo, si el operador usa adecuadamente esta tecnología. El riego localizado de alta frecuencia (RLAF) se refiere, usualmente, a un riego tecnificado, diseñado para regar con una alta frecuencia (una o más veces al día), y con el agua de riego localizada cerca de la planta. Los exponentes más populares de este riego, en el cultivo de paltos y cítricos, son microaspersión (paltos) y goteo (paltos y citricos), con un rango de eficiencia (con un buen manejo) de un 85 a 90%. Éstos operan humedeciendo sólo una parte del volumen de suelo (riego localizado), entre un 40 a 70% de la superficie, generando un bulbo húmedo, donde las raíces obtienen el agua y los nutrientes (Podestá et al., 2011). El sistema consiste en una unidad de bombeo, que genera presión, y un sistema de transporte del agua a través de una red de tuberías y mangueras con emisores (boquillas, goteros, microaspersores, etc), que entregan el agua a las plantas. En la microaspersión, el agua aplicada simula una lluvia fina sobre el suelo; los caudales de los emisores utilizados varían entre 20 a 110 L/h con diámetros de mojamiento de 1 a 10 m. Debido a su mojamiento se recomienda en cultivos que poseen sistemas radicales superficiales y extendidos (Ej.: paltos), cuando se desea promover un desarrollo lateral de raíces, o para generar ambientes más húmedos bajo la copa (alternativa en invierno para control de heladas). Debido al alto caudal aplicado por el emisor, se recomienda tener cuidado en su elección y el traslape en suelos con una baja tasa de infiltración (ricos en arcilla), para evitar que el agua se acumule en superficie o, en suelos con altas pendientes (mayores a 20%), para evitar riesgos de erosión. En general, la microaspersión se adapta mejor en suelos poco profundos y con alta velocidad de infiltración (suelos arenosos), debido a que estos suelos tienen una baja capacidad de retención de agua y requieren aplicaciones más frecuentes de riego (Maldonado, 2001). En el riego por goteo los caudales de los emisores varían entre 1 y 16 L/h; en este tipo de sistemas se incluye el riego por exudación, cintas, microtubos, entre otros. Es un sistema que permite aplicar el agua gota a gota de forma controlada. A diferencia de la microaspersión, el humedecimiento del suelo por el emisor cubre una menor superficie, por lo que el número de emisores utilizados por hectárea es mayor. La selección del emisor, en lo referente a su caudal y distanciamiento (número de emisores por planta), está íntimamente relacionada a la textura del suelo, al traslape deseado y al requerimiento diario de agua del cultivo (evapotranspiración del cultivo (ETc)). En texturas finas (franco arcilloso, franco limoso, etc) la tasa de infiltración es baja y el bulbo de mojamiento tiene un desarrollo más horizontal que vertical (Figura 1A), por lo tanto, se debe seleccionar un emisor de bajo caudal (2 a 4 L/h) y se deben posicionar más distanciados (0,7 a 1,2 m); por el contrario, en suelos arenosos la tasa de infiltración es mayor, favoreciendo bulbos más verticales que horizontales (Figura 1B), por lo tanto, se puede seleccionar goteros de un mayor caudal sin riesgo de inundación, aunque se recomienda goteros de menor caudal (2 a 4 L/h) para evitar pérdidas por percolación, y más cercanos (0,4 a 1 m). En general, el riego

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