Palabra Pública N°37 abril - mayo 2026 - Universidad de Chile

un hecho histórico, sino casi el origen ontológico de Ar- gentina”, dice el autor desde Nueva York, donde imparte clases de literatura. Ciencia ficción capitalista , su último libro, es quizás su obra más conocida. En él expone los proyectos me- galómanos de los magnates high-tech —los negocios interplanetarios de Elon Musk, el metaverso de Mark Zuckerberg o la búsqueda de la inmortalidad de Aubrey de Grey— para graficar “una tendencia cada vez más hegemónica y evidente: la apropiación del capitalismo tecnológico del lenguaje de la ciencia ficción. Una se- ductora narrativa de un futuro hipertecnologizado, que las megacorporaciones y sus ceo asimilan no solo para embellecer sus productos, sino también para ofrecer una supuesta solución a las crisis socioambientales que el mismo capitalismo desató”, escribe. Nieva rastrea el origen de la colaboración entre lite- ratura y empresariado en un artículo que Julio Verne publicó en 1903, donde declaraba que la ciencia ficción “escribe en papel lo que después otros esculpirán en acero”. Décadas más tarde, escritores como Isaac Asi- mov, Arthur C. Clarke, Hal Clement, James Blish, Ro- bert Heinlein o Larry Niven —todos científicos de for- mación—, consolidaron esta alianza al imaginar avances científico-técnicos con un rigor inédito. Muchas de sus innovaciones, como los satélites de telecomunicaciones, el diseño asistido por computador o el reconocimiento de voz, terminaron modelando la tecnología actual. Por lo mismo, no es raro que figuras como Elon Musk o Paul Allen, el cofundador de Microsoft, hayan reconocido la influencia de esos autores. El problema, según el autor, es que la ciencia ficción capitalista restringe la capacidad de imaginar el futu- ro. Frente a ello, recupera narrativas alternativas que —aunque delirantes en muchos casos— disputan ese monopolio, desde la cosmología yanomami hasta pro- yectos extravagantes como el socialismo intergaláctico de la Cuarta Internacional Posadista, una organización trotskista argentina que convirtió la ufología en un em- blema revolucionario. ¿Qué hace que las narrativas de la ciencia ficción capitalista sean tan seductoras y se hayan impuesto frente a otros modos de imaginar el futuro? —El capitalismo, y nuestra época en particular, está obsesionado con el futuro, porque es cómo funciona la economía financiera, que depende de los valores futuros de los commodities , de especular cuánto valdrá el cobre, el litio, el trigo dentro de 30 años. Esa forma de especu- lar se ha extendido a toda la vida, incluso a los ámbitos más íntimos, desde las plataformas de citas hasta apli- C uando Michel Nieva (Buenos Aires, 1988) es- cribía Ciencia ficción capitalista , un ensayo breve sobre Silicon Valley publicado en 2024, recibió una invitación a participar en un pro- yecto patrocinado por SpaceX, la empresa aeroespacial de Elon Musk que enviaría a bordo de un cohete relatos de ciencia ficción a la Luna. La propuesta, que incluía guardar los textos en una memoria capaz de resistir condiciones extremas durante miles de millones de años, lo enfrentó a un dilema: aceptar significaba, de algún modo, colaborar con la misma lógica corporativa que criticaba en su texto. Durante días, la invitación derivó en una serie de di- gresiones sobre otros experimentos artísticos enviados al espacio y en una reflexión que lo llevó a interrogarse por la ciencia ficción, un género que, mediante la esteti- zación de la tecnología, históricamente ha sido cooptado por el capitalismo. Pero la certeza de que es posible plan- tear desde el Sur una crítica de la tecnología terminó por convencerlo de aceptar la invitación. Así nació “Crip- tolombrices”, una historia ambientada en el siglo xxvi, en unas colonias marcianas de SpaceX afectadas por una pandemia que amenaza el plan terraformador de la em- presa que pretende repetir, en otro planeta, las lógicas extractivistas que destruye- ron la Tierra. El cuento no solo es una sátira oscura de nuestros tiempos, sino también un buen ejemplo del universo narrativo de Nieva. Los futuros distópicos de sus textos— poblados de corporaciones ultracapitalistas, catástrofes climáticas, mutaciones biológicas y violencia gore — se inspiran en el pasado y, en particular, en la historia po- lítica de Argentina. Porque si hay algo que define su proyecto literario es pensar el futuro desde una perspec- tiva sudamericana, una propuesta estética que él mismo define como gauchopunk , mezcla de literatura gauchesca rioplatense y ciberpunk. En 2020 publicó Tecnología y barbarie , una colección de ensayos sobre asuntos como la escritura robótica, la irrupción del higienismo en el siglo xix —que repre- sentó la vida indígena como un agente bacterial— y la Conquista del Desierto —como se denomina la colo- nización de los territorios indígenas en Argentina—, vistos como archivos fundamentales para entender el presente. El libro explora los límites entre lo humano y lo no humano, al tiempo que analiza la tecnología como punto de cruce entre civilización y barbarie. “Casi todos los problemas de Argentina surgen en el siglo xix con la Conquista del Desierto, un programa de genocidio y de expansión territorial destinado a la extracción de recursos que propició una distribución de la renta des- igual y que continúa hasta nuestros días. Para mí no es “La conquista del espacio es otro capítulo de la historia insaciable y necrótica del capitalismo de seguir expandiendo sus fronteras para sostener el régimen de riqueza desigual”. 11

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