Palabra Pública N°36 noviembre - diciembre 2025 - Universidad de Chile

uno de los mayores multimillonarios gracias a las criptomo- nedas”, dice el artista. “Si un coleccionista o una institución importante me pide certificar una obra digital, pues lo hago a través de blockchain en nft, pero si no se requiere, no lo hago. No estoy lanzando ahora mismo obras online para vender nft. Lo que digo es que pretendo estar en la historia del arte antes que en la historia del mercado. Somos artistas, tenemos que vivir, peromi obsesión no es vender”, asegura. Su discurso, tan concreto como poético, nace de una idea inquietante: “La realidad que conocíamos ya no existe”, dice. Para López, hemos entrado en una nueva dimensión que bautiza virrealidad , un territorio donde lo físico y lo di- gital se mezclan hasta volverse indistinguibles. Desde allí, el artista invita a repensar la posición del ser humano, del arte y de la propia conciencia frente a las máquinas. “Esta- mos en una sociedad hiperconectada donde ya no se puede ser ciudadano sin tecnología. La tecnología es nuestra nue- va naturaleza”, dice. “El problema es que los gobiernos nos siguen viendo como consumidores pasivos. Pasa con la in- teligencia artificial. Nos han asustado con su expansión en todos los entornos de la vida cotidiana. Nos dicen que la ia nos va a quitar nuestro trabajo, que va a controlarnos, que vamos a perder nuestras relaciones a nivel personal, pero ahora llega la Comunidad Europea y dice que la ‘puede regular’. Y yo creo que no tiene nada que regular. Lo que debe hacer es darle a la sociedad las herramientas para que orgánicamente regule su uso. Creo que debemos ver la in- teligencia artificial como un recurso natural que viene del intelecto de toda la humanidad, de todo el ecosistema que es nuestra especie. Debemos apropiárnosla”, dice. Tu trabajo parece una constante negociación entre lo tangible y lo intangible. ¿Cómo traduces esa tensión en algo estético? —Todo lo digital tiene una materialidad: las frecuen- cias, los cables, los servidores. Lo invisible también pesa. Me interesa convertir esas ideas en experiencias sensibles, que el público pueda escuchar, tocar o sentir. El arte debe emocionar, no solo explicar. Por eso combino sonido, texto, performance, instalación. Siempre digo que hay que tener fe en lo digital, pero la gente no la tiene y hay que mostrar- le constantemente que lo que está viendo es verídico. Por eso tambiénmuestro videos del proceso demis viajes, de la oreja congelada en el glaciar. El medio siempre modifica el mensaje: no es lo mismo una idea escrita que una frecuen- cia vibrando en el aire. Has dicho que tenemos que tomar una decisión cru- cial en nuestra evolución: pasar del “homo sapiens” al “homo tecnológico”. ¿Qué implicancias tiene esto? —Significa asumir que ya nohay una vida posible fuera de la tecnología. Todos nuestros procesos sociales, políticos y afectivos pasan por una capa digital. Antes podíamos entrar y salir del sistema: apagar el teléfono, desconectarnos. Hoy es imposible. Quien no entiende esta integración se queda fuera de la realidad contemporánea. Por eso propuse el tér- mino virrealidad , unnuevoestadodonde lovirtual y lo real se fusionan en unamisma percepción del mundo. Ya no vemos con los ojos solamente, vemos también con Google Maps, con los algoritmos, con la información que habita en nues- tros dispositivos. Eso, geopolíticamente, es muy complejo y, éticamente, tiene unas implicaciones brutales. ¿Quién tiene acceso a las innovaciones que prometen mejorar la longevi- dad, por ejemplo? ¿Quién tiene la posibilidad de viajar a otro planeta? Las decisiones tecnológicas que tomamos hoy de- terminan qué tipo de humanidad queremos ser. La pregunta ya no es si las máquinas nos van a dominar, sino quién tiene acceso a ellas, quién puede programarlas o regularlas. Tu obra tiene un componente científico importante, aunque sigue habitando el mundo del arte. ¿Por qué haces esta elección? —Para mí, arte y ciencia deben estar unidos, no hay lí- mite entre ellos. El arte es una forma de conocimiento y la ciencia es un arte con método. Colaboro con laboratorios porque necesito rigor, pero la intuición sigue siendo el motor. En la Amazonía, por ejemplo, comprobamos que el adn ambiental viaja por los flujos de aire: una intuición poética que terminó siendo real. Creo que el arte tiene que ofrecer respuestas, o al menos nuevas preguntas, a los grandes temas de nuestro tiempo: la ecología, la tecnolo- gía, la conciencia. Además, el arte, bien entendido, puede construir discursos sociales que no tienen que pasar por el Parlamento. Tiene una llegada más libre, más rápida y más dulce también. No quiero decir con esto que deba conver- tirse en una herramienta política, porque la política se basa en la imposición y el arte en la conversación. Lo que hace el arte es transformarse en un gatillante para despertar a la sociedad. Eso es lo que me interesa. ¿Hacia dónde estás dirigiendo tus investigaciones ahora? —Estoy trabajando con el iridio, unmaterial extraterres- tre que llegó a la Tierra con el meteorito que extinguió a los dinosaurios. Es el elemento con el que se definió el kilo, la medida de lo tangible. Me interesa esa paradoja: que el patrón de lo físico provenga de fuera del planeta. La obra reflexiona sobre el extractivismo y el valor de los recursos naturales, y solo puede ser adquirida colectivamente, nun- ca por un individuo. También estoy explorando cómo la inteligencia artificial puede escribir un nuevo Quijote , una metáfora sobre nuestras luchas contemporáneas contra los “molinos” del futuro. Dices que el arte debe hablar de lo importante de hoy. ¿Qué sería eso para ti? —El cambio climático, sin duda. Si el planeta colap- sa, no hay arte posible. Pero también debemos hablar del pensamiento, de la capacidad de imaginar. En un mundo automatizado, pensar debería ser una obligación. El arte es el lugar donde eso todavía ocurre: un espacio de resisten- cia, de belleza y de pensamiento libre. 35

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=