Palabra Pública N°36 noviembre - diciembre 2025 - Universidad de Chile

Quizás un pensamiento sin cuerpo sea el último síntoma de nuestra época: uno que ya no tropieza, que no se ensucia, que no lagrimea ni siente vergüenza. Un pensamiento higiénico, blindado de experiencia, donde el error y la herida han sido reemplazados por la previsión del algoritmo. La inteligencia artificial lo encarna con precisión: su saber no se forma, se actualiza; no recuerda, archiva; no duda, calcula; no desea, predice. paz lópez Ensayista y académica del Departamento de Teoría de las Artes de la Universidad de Chile. Ha publicado Velar la imagen. Figuras de la pietà en el arte chileno (2021) y Pánico y ternura (2025), entre otros libros. ensayo jido a crochet, casi siempre sonriendo. Su idea era pueril hasta la exasperación si no hubiera sido porque en esa ocu- rrencia se dieron la mano el arte y la vida, esa pócima que, nos guste o no, tiene la fuerza de mover las cosas de su lugar, convertir por ejemplo una idea ingenua en un ardid. Para comprobar que el mundo era un lugar amable, una “fuente original de bondad”, Bac- ca decide viajar a dedo partiendo desde Milán, su tierra natal, para reco- rrer parte de Europa y Oriente Medio. Al final del viaje exhibiría en una ga- lería de arte italiana su vestido, fotos y recuerdos del viaje. “Hacer autostop es elegir tener fe en otros seres humanos, y el hombre, como un pequeño dios, recompensa a quienes tienen fe en él”, dijo alguna vez. No es difícil imaginar el final, que en el libro de Léger apare- ce casi al comienzo: Bacca fue violada y estrangulada en Turquía. Su asesino, Murat Karatas, un hombre de 38 años, padre de dos hijos, fue quienmanejaba el último auto al que se subió la novia, que encontró para sí lamás desoladora ymacabra de lasmuertes. Sí, le hubiera respondido a Sontag, a veces las mujeres morimos distinto. Inquieta por la historia de Bacca, intentando corroborar que su perfor- mance, quizás la historia misma de cierto tipo de performance, muestra que somos vulnerables porque de- pendemos de otros para vivir y que la violencia es una borradura de esa dependencia, un ultraje a esa con- N o había oído el nombre de PippaBaccahastaque leí El vestido blanco , de Nathalie Legér. Como en sus otros libros dedicados a Barbara Loden o a la condesa de Castiglione, Léger hace que esas vidas que podrían haberse quedado pálidas, vegetando en la his- toria del arte, de pronto adquieran la belleza de lo singular. Digo de lo sin- gular y no de lo excepcional, porque Léger no usa el trabajo literario para convertir a sus mujeres en heroínas trágicas ni para hacer una arqueo- logía de lo silenciado o magnificar a personajes abocados al fracaso, o no exclusivamente para eso, sino más bien para dejarse seducir en la narra- ción por el amasijo de sensaciones que se experimentan cuando entramos en proximidad con los otros, con la uni- cidad de cada vida: contradicción, extrañeza, incomprensión, alegría, re- chazo, sufrimiento, dudas, ternura. Y si es cierto que muchas veces el deseo de narrar nace del desastre y el desam- paro, la historia de Bacca bien podría haber integrado esa listita de nombres que Susan Sontag dejó esbozada en su diario íntimo para un proyecto de libro que llevaría por título Sobremuje- res muriendo , Muerte de mujeres o Cómo mueren las mujeres . ¿Morimos distinto las mujeres?, me quedé pensando. Las fotografías muestran a Bacca vestida con un traje de novia, un ramo deflores, unveloouncintilloblanco te- parece que estás pasandopormucho 8

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