Palabra Pública N°33 dic 2024 /ene 2025 - Universidad de Chile
nos hemos dado el tiempo de escuchar. ¿Cómo creer en la esperanza en estos casos? Escuchando atentamente, inclu- so a quienes están al otro lado de la brecha que nos divide. Esto nos permite entender cuán cerca o cuán lejos estamos de construir un futuro compartido. Reconocer la distancia entre nosotros no solo nos permite medir el camino, sino también celebrar los avances cuando nos acercamos. Hoy hay una facilidad inaudita para “funar”, inclu- so, sin darse el tiempo de escuchar a la contraparte. ¿Qué diagnóstico hace de estos tiempos? —Tal vez antes nos escuchábamos de otra forma, pero tambiénexistía lacaceríadebrujas, laxenofobiayel rechazo a lodiferente. Creoque las redes sociales tienenuna función importante, que aunque no nos guste, reemplaza en parte la interacción humana. El desafío es cómo enriquecer esa interacción digital para ayudarnos a salir de nuestras bur- bujas, físicas o digitales, y conocer ideas y formas de vivir que no conocemos. Esta es una conversación que nuestro país necesita, no para mañana sino para hoy mismo. Este ar- chipiélago de diferencias puede conectarse y convertirse en una biblioteca de diferencias y de colaboración. El diálogo puede transformar los rincones más inaccesibles de la desconfianza. Las redes sociales fomen- tan más los gritos y las peleas que la conversación. ¿Cree que esta cultura digital ha afectado la convivencia? —Las redes sociales son como tribus emocionales: buscan conexión, pero amenudo refuerzan las verdades propias. En un mundo donde todo parece acelerado, necesitamos recu- perar el valor de la conversación cara a cara. Las redes no son el problema en sí mismas, pero han reducido los espacios para el diálogo, donde aprender es mucho más importante que responder ante todo lo que se dice. No hay que tenerle susto a la diferencia. Pero sí hay que temer a las sombras de la indiferencia, porque ahí habitan las desconfianzas. Estar dispuesto a cambiar de opinión es quizás uno de los actos más radicales, en tiempos marcados por la rigidez y una tendencia a sentirse “superior” mo- ralmente, tanto a un lado como al otro del espectro político. ¿Qué debería ocurrir en los colegios y en las universidades para fomentar un espíritu de debate? —Una posible pista es: ¿qué sucedería si todos los cole- gios de Chile implementaran actividades de diálogo con el apoyo de universidades y otras instituciones? Lo peor que puede pasar es sembrar una semilla para que las próximas generaciones cuiden la democracia. Lo mejor es trans- formar los problemas de hoy y prepararnos para los que vienen. Crear espacios de diálogo es extender la mano y construir con otros. Estas actividades podrían incluir pro- yectos colaborativos entre estudiantes y comunidades, e incorporar el diálogo de forma transversal en la pedagogía. Un ejemplo práctico es el trabajo con las universidades en La Araucanía, donde más de 1.200 personas han parti- cipado en talleres de diálogo. En ellos hemos escuchado muchas emociones, anhelos, lágrimas y la constante pre- gunta: “¿por qué no nos han escuchado?”. Esto muestra la necesidad urgente de iniciativas que promuevan el diálo- go como herramienta cotidiana en nuestras instituciones educativas, porque son un espejo de la sociedad. Vemos cómo llegan al poder políticos que se jactan de ser “firmes”, confrontacionales. ¿Cómo se explica que votemos por quienes nos polarizan en vez de bus- car consensos? —Yo no sé si hay líderes polarizantes como parte de su identidad y ser, pero sí hay personas que llegan al poder con un lenguaje de miedo y rabia que les sirve porque los escuchan. Es más fácil seguir a alguien que promete certe- zas absolutas que a alguien que invita a la reflexión. El desafío es construir una so- ciedad donde no elijamos desde el miedo, sino desde una esperanza compartida. La socióloga Kathya Araujo afirma que ha habido una pérdida de sociabilidad en Chile, y señala que una de las ra- zones de su empobrecimiento tiene que ver con una distancia entre las generaciones. ¿Cuál es la impor- tancia del diálogo intergeneracional? —El diálogo entre generaciones conecta la experiencia del pasado con los desafíos del presente y las esperanzas del futuro. En mapudungun existe la palabra nütram , que en breve significa diálogo, y culturalmente describe una buena conversación sobre lo que hubo, lo que hay y lo que puede ser. Una sociedad más resiliente se construye con todos, incluyendo a quienes piensan diferente, y el diálo- go intergeneracional es vital para compartir aprendizajes y construir nuevas memorias. Lamisiónchilenadel CentroNansenestará enel país hasta fines de 2025. ¿Qué objetivos esperan conseguir? —Esmuy importanterecordarque laconfianzaseconstru- yeconvoluntad, humildady tiempo.Nosotros somos soloun pequeño aporte. Sabemos que Chile tiene instituciones y ca- pacidades para construir una sociedad más dialogante, con pensamiento crítico y resiliencia democrática. Creo que un gran logro sería que el diálogo sea parte del currículumesco- lar. Si solo una escuela ve el diálogo como una herramienta cotidiana que se puede aprender y practicar, habremos con- tribuido a un futuro más colaborativo y resiliente. Crear espacios de escucha es creer en esa esperanza. “Las redes sociales tienen una fun- ción importante, que (…) reemplaza en parte la interacción humana. El desafío es cómo enriquecer esa inte- racción digital para ayudarnos a salir de nuestras burbujas y conocer ideas y formas de vivir que no conocemos”. 41
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