Palabra Pública N°33 dic 2024 /ene 2025 - Universidad de Chile
de los problemas que existen en Chile tienen que ver con que nos ha costadomucho conversar con quienes discrepa- mos. Al parecer, ni quienes vivieron la época ni las nuevas generaciones que han heredado la historia saben aún cómo lidiar con ella. —¿Cómo transformar esas burbujas hereditarias en es- pacios de escucha? Podría contar muchas historias —dice Zamudio desde Noruega—. Hace poco recordé a unos jóve- nes croatas que conocí en Zagreb, a finales de la guerra de los Balcanes. Eran voluntarios que formaban parte de lo que llamaban la “Campaña antiguerra”, si mal no recuerdo. Nos contaban que cruzaban la tierra de nadie, la línea de fuego, para ayudar a ancianos serbios en el territorio enemigo, llevándoles agua y leña. Esto ocurrió cuando hubo la gran ofensivadeKrajina.Quedémuy impresionadoconesahisto- ria porque yo pasé por esa zona y vi la desolación y la tristeza profunda en las víctimas de ambos lados. ¿Qué quiero decir con esta historia? Que incluso en tiempos de desconfianza, hay luces para construir un futuro diferente. Crear espacios de escucha, por pequeños que sean, es un acto de genero- sidad que abre ventanas hacia el entendimiento y que las personas reconozcan sus propias emociones. Un diálogo supone que hay dos o más hablantes dis- puestos a expresar ideas, posturas. ¿Qué sucede cuando una de las partes ha vivido un trauma que le impide co- municar su experiencia? —Es importante aceptar que las cosas toman tiem- po. Diálogo es una forma de comunicación que ofrece el tiempo y el espacio para que las personas puedan traer la complejidad de sus respectivas realidades. No es lo mismo que negociación. Además, no todos dicen las cosas como queremos que las digan, ni en el orden que queremos que lo hagan. Un diálogo no puede reemplazar un proceso de sanación o terapia. Son espacios diferentes. En una terapia, hay una asimetría definida y aceptada, donde una persona necesita hablar y alguien escucha y guía. Mientras que en un espacio de diálogo, hay una posibilidad de encontrarse con pares, aunque también puede haber una asimetría de poderes e influencias. El trauma personal afecta profunda- mente la capacidad de expresarse porque toca las heridas más personales de cada uno. Mientras que los traumas colectivos, como los vividos por comunidades enteras, pueden crear una sensación de pérdida compartida, que vive en la memoria de esa comunidad. Estos procesos re- quieren tiempo, respeto y, a menudo, nuevas experiencias para darle nombre y un espacio al dolor y lo difícil. Por eso, el diálogo, sin ser terapia, puede abrir un puente hacia la sanación colectiva, al permitir que surjan voces que no he- mos escuchado y que traen realidades distintas. Pienso que sonmuchos los países que tienen estos traumas colectivos, como incendios subterráneos que causan muchos pro- blemas, pero que no podemos ver a primera vista por qué pasan ciertas cosas. La voluntad de escucha parece ser algo cada vez más ajeno, más aún cuando alguien piensa de forma opuesta a uno. ¿Cuán importante cree que es escuchar incluso a quienes consideramos “monstruos”? —Primero, habría que definir qué significa la palabra monstruo para ti. Unamonstruosidad puede ser no respetar ciertos límites de conducta con el propósito de ganar más dinero. Otra forma puede ser actuar de una manera que lleve al conflicto, sin considerar el costo de vidas humanas. Cada acto de opresión es una decisión consciente de alguien que usa su poder para oprimir o reprimir a otra persona. Es- cuchar no es justificar ni perdonar. Es reconocer que detrás de toda postura, incluso la más radical, hay una historia y una memoria. En Chile hemos escuchado a personas que expresan rabia, desesperanza y abandono. Emociones como estas no son monstruosas, son humanas y parte de la evi- dencia de que tenemos problemas muy profundos que no Savvas Stavrinos/Pexels 40
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