Palabra Pública N°33 dic 2024 /ene 2025 - Universidad de Chile

zonas de conflicto columna S inónimos de conflicto ( kewan en mapudungun) son combate, lucha, pelea, enfrentamiento, dis- puta. Un conflicto no es necesariamente violento; en un foro se enfrentan posiciones sin recurrir a la fuerza. Para que haya conflicto deben existir dos o más posiciones que se contraponen. Al hablar de “conflicto ma- puche”, a secas, se explicita una sola de las partes, lo que no ayuda a entender el problema. Cabe preguntarse entonces: ¿conflicto entre quienes? Una primera respuesta es que se trata de un conflicto histórico entre el pueblo mapuche y la Corona española, primero, y el Estado chileno, después. Pero la causa esen- cial del conflicto actual se origina en la ocupaciónmilitar y posterior colonización planificada de la Araucanía durante la segundamitad del siglo xix (entendemos aquí por Arau- canía el territorio situado de cordillera a mar entre el río Biobío y la cuenca del río Toltén). Esta ocupación se ejerció con violencia y tuvo como resultado la concentración de la población originaria en “reducciones”. De modo diferente, la ocupación estatal de los territorios situados al sur de la cuenca del Toltén siguió otra lógica: durante la primerami- tad del sigloxixprimó la presencia demisioneros católicos y de colonos alemanes por sobre lo castrense, aunque el re- sultado también fue la segregación y la relegación espacial de los mapuche-williche. Han pasado 142 años desde que el Ejército, en 1882, ter- minó por ocupar el territorio mapuche de la Araucanía, consolidando, por una parte, el proceso de creación de nú- cleos urbanos a partir de los fuertes militares e iniciando, por otra, la incorporación de “tierras nuevas” a la agricul- tura extensiva gracias a la creación de colonias agrícolas con inmigrantes europeos. Cuatro o cinco generaciones se han sucedido desde en- tonces y los actores en conflicto se han diversificado; por supuesto el Estado está presente y es a quien se le solicita devolver las tierras. Pero si observamos los hechos más violentos ocurridos en los últimos años, estos tienen por blanco la infraestructura relacionada con la explotación forestal y la ocupación de fundos. En efecto, la realidad del pueblo mapuche ha cambia- do mucho. Un punto de quiebre lo constituye, sin duda, el golpe militar de 1973 con su consiguiente contrarreforma agraria, combinada con una represión feroz y encarniza- da en contra de las comunidades movilizadas. Corolario de la restauración conservadora de Pinochet fue el acto de favorecer a algunos grandes grupos económicos de la industria de la celulosa para que expandieran las plan- taciones forestales gracias a subvenciones estatales. Poderosos imperios del papel que luego, en democracia, continuaron siendo privilegiados. Entonces, no es casual que importantes zonas de con- flicto se sitúen justamente allí donde las plantaciones forestales han cubierto gran parte del paisaje, como ocurre en las provincias de Arauco y Malleco. ¿Cuáles han sido los impactos del monocultivo forestal en los territorios? El resultado está a la vista: despobla- miento rural (la población campesina ha emigrado a los centros urbanos o sobrevive arrinconada en las orillas de las plantaciones), alteración de los ecosistemas (desapa- rición de la fauna y la flora nativas, erosión de los suelos, agotamiento de las napas y de los escurrimientos de agua), Han pasado 142 años desde que el Ejército termi- nó por ocupar el territorio mapuche en la Araucanía. Cuatro o cinco ge- neraciones se han sucedido desde en- tonces y el contexto ha cambiado de manera profunda. En este escenario, la promoción del cooperativismo rural podría pavi- mentar el camino para una solución de largo plazo. josé manuel zavala cepeda Doctor en Antropolo- gía por la Universidad Sorbonne Nouvelle Paris iii. Profesor del Depar- tamento de Ciencias Históricas de la Facultad de Filosofía y Humanida- des de la U. de Chile. 36

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