Palabra Pública N°33 dic 2024 /ene 2025 - Universidad de Chile
en una democracia. Hay otras organizaciones socia- les y económicas que son parte de la discusión pública, pero que, por sus intereses puntuales, no cumplen esa función. Lo central es alinear la organización de los par- tidos, modernizar su institucionalidad, su preparación de cuadros, para que tengan esa función. Los liderazgos partidarios deben apuntar a intereses individuales y co- lectivos de corto, mediano y largo plazo. Deben ponerse al día para responder a los cambios sociales del presente: transparencia, rendición de cuentas, participación, co- nocimiento experto, entre otros. Cuando los propios legisladores son los afectados por las reformas que están votando, ¿qué tan factible es que se alcancen estos niveles de modernización? —Es difícil que aquellos que tienen el poder lo disminu- yan voluntariamente, porque son los afectados directos. Sin embargo, como sugiere Maquiavelo, quien tiene el poder debe autocontenerse. Esto implica una visión po- lítica de largo plazo y un liderazgo con visión de futuro. O, como ocurrió, mutatis mutandi , con el mop-Gate o el estallido social, los shocks políticos de envergadura abren una oportunidad para iniciar cambios significativos. Por el momento, lo veo difícil, pues no se observan los facto- res mencionados. Y los ensayos constitucionales son un ejemplo de que, a pesar de esa ventana de oportunidad, el resultado quedó en cero. Respecto de los liderazgos, ¿qué tanto pueden asen- tarse enmedio de una desconfianzamás bien general? —Los liderazgos, cuando son tales, tienen la capacidad de superar las restricciones del contexto. Me parece que esto no tiene que ver tanto con el fenómeno de la des- confianza hacia figuras políticas como con la ausencia temporal de liderazgos con esa capacidad —individual y colectiva— de aglutinar sectores políticos, proyectos y conducción política y social. Además, en particular en el amplio espacio del progresismo, no hay suficiente clari- dad y coherencia programática que ordene propuestas de política pública para dar satisfacción a las necesidades de la ciudadanía. La situaciónactual, ¿invita a unamayor polarización? —Hoy el centro político partidario está muy debilitado pues el Partido Demócrata Cristiano no tiene el peso que tuvo y los nuevos partidos no llenan ese espacio. Yo discu- tiría el argumento de la polarización: si bien no hay una coalición fuerte de centro, se observan manifestaciones in- dividuales y colectivas de políticos que optan por posiciones más centristas a través del amplio espectropolíticonacional. Desde hace mucho se habla de las emociones –la ra- bia, el miedo, la indignación, la ansiedad– como estados capaces de modelar conductas y movilizar electores. ¿Qué rol les asigna? —Las emociones forman parte del discurso político. Son una buena herramienta para reducir la política al mundo de los enemigos y son fundamentales para que las personas se identifiquen políticamente, no solo en términos de pen- sar racionalmente lo que es mejor para ellos, sino también porque son parte de la identidad política y cultural de las so- ciedades. Diferente es que los actores políticos las usencomo movilizadores políticos y sociales, alejándose del espacio de discusión de los temas públicos en que la deliberación ra- cional debe primar. Vemos en otras latitudes cómo algunos políticos, especialmente de extrema derecha o de gobiernos autoritarios, utilizan las emociones como patrones discursi- vos para apelar a su audiencia y movilizar a sus partidarios. La política debe ser un espacio de debate racional en que los principios que se defienden deben guiar la discusión pública, pero sin convertirlos en el motor irracional de las decisiones políticas. ¿No es problemático que las emociones sean irrefuta- bles, que yo no pueda cuestionar ni contradecir algo que mi contraparte siente porque le ocurre, sencillamente? —Las emociones están influidas por la percepción que las personas tienen de sus circunstancias, y esta percepción puede ser modificada apelando al criterio de realidad. Por ello, una prensa de investigación independiente es clave para la salud de las democracias. En este punto, los medios de comunicación son fundamentales para no convertirse en cajas amplificadoras de sentimientos intensos que se alejan de la información juiciosa y plural que debe entre- garse. Es una responsabilidad ética. De la misma forma, en política estas emociones pueden y deben ser modificadas en la deliberación pública por medio de líderes y partidos que puedan conducirlas apropiadamente. Por eso es funda- mental contar con dirigentes y partidos profesionales que orienten una sana discusión democrática. “La democracia es un avance civilizatorio. Sus instituciones deberían asegurar ciertas condiciones para regular el conflicto que termina en violencia. El tema que está en cuestión hoy es la legitimidad de esas instituciones”. 35
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