Palabra Pública N°33 dic 2024 /ene 2025 - Universidad de Chile

son enemigos que deben ser eliminados, sino oponentes legítimos que comparten un marco democrático común. La clave está en transformar antagonismos irreconcilia- bles en agonismos, donde las diferencias se debaten y confrontan dentro de los límites de las instituciones de- mocráticas. A partir de lo anterior, se generan mayorías sociales que permiten el avance de proyectos y políticas. En el caso chileno, frente a la Convención Constitucional, que evidenció una tensión entre la élite y la sociedad ci- vil (la evidencia es que los convencionales venían, en su mayoría, de fuera del sistema político), el segundo ensayo constitucional fue una reacción: volvieron a escena ex- pertos y los partidos políticos. ¿Dónde queda la cooperación política? —Conflicto hay siempre. El tema es cómo se regula y cuánta legitimidad y adhesión tienen las reglas que lo re- gulan. La visión de una democracia en orden, al menos en el caso de América Latina, no es del todo real. Ahora, la cooperación en política puede producirse por diferentes razones. Por de pronto, porque es necesaria para competir y ganar el poder (a través de coaliciones), para establecer acuerdos sobre políticas o para ir en contra de otro actor. Me parece que conflicto y cooperación son dos elemen- tos consustanciales a la democracia. Existen incentivos institucionales para facilitar la cooperación (como la re- gulación del sistema político, de los partidos, del sistema electoral) y contextuales (como fue el caso de la Concer- tación y la transición a la democracia en Chile). Hoy no se observa lo segundo, por lo que es clave repensar in- centivos institucionales para la cooperación. También es preciso reflexionar sobre los liderazgos, su surgimiento y capacidad de conducción para crear mayorías sociales. Eso lo veo, por el momento, débil. Poco después de la primera vuelta presidencial de 2021, usted afirmaba: “Hasta el momento la demo- cracia chilena ha gozado de buena salud, a pesar de lo vivido y de las amenazas respecto de su debilidad”. ¿Qué amenazas diría que ha sorteado y cuáles son hoy las más significativas? —La democracia chilena sigue gozando de buena salud. La mayoría de los actores políticos con representación P ropio de la experiencia humana en sociedad, el conflicto está presente en las tragedias de la antigua Grecia, así como lo está en la escena política de hoy. Es algo que conoce muy bien Mireya Dávila Avendaño, académica, licenciada en His- toria, doctora en Ciencias Políticas y actual directora de la Escuela de Posgrado de la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile. La autora de Presidencialismo a la chilena. Coaliciones y cooperación política, 1990-2018 (Edi- torial Universitaria, 2020) sabe que es un factor—aunque no el único— de la ecuación compleja que supone la vida política en sociedades como la nuestra. De allí que haya que tomárselo con la mayor seriedad y escrutarlo hasta donde lo permitan las herramientas disciplinares. —La democracia es un avance civilizatorio. Sus institu- ciones deberían asegurar ciertas condiciones para regular el conflicto que termina en violencia. El tema que hoy está en cuestión es la legitimidad de esas instituciones y los mecanismos de sanción en caso de incumplimien- to, es decir, el sistema legal —explica Dávila, una de las principales analistas de la situación política de Chile en las últimas décadas. ¿Cómo cree que se ha ido gestionando el conflicto en el país después del estallido social? Desde 2019, los diferentes tipos de conflicto se han resuelto de manera diferente. El conflicto político propiamente tal se reguló a través de los dos ensayos constitucionales. El conflicto social se dio principalmente a través del control de la protesta y violencia por parte de las policías (y con acciones reñidas con los derechos hu- manos). No olvidemos, además, que después del estallido social vino la pandemia y el Estado tuvo que ir en ayuda de los diferentes sectores necesitados. “La política es conflicto” se escucha decir con fre- cuencia a quienes defienden hoy un populismo de izquierda (a la manera de Laclau-Mouffe o Podemos), ningunean “la política de los acuerdos” y apuestan por un antagonismo desembozado entre pueblo y élite. —Chantal Mouffe sugiere que las democracias deben aceptar y gestionar estos conflictos mediante un mode- lo agonista. En este modelo, los adversarios políticos no “Las emociones están influidas por la percepción que las personas tienen de sus circunstancias, y esta percepción puede ser modificada apelando al criterio de realidad. Por ello, una prensa de investigación independiente es clave para la salud de las democracias”. 33

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