Palabra Pública N°33 dic 2024 /ene 2025 - Universidad de Chile

bién disfruto mucho pensar con el arte algo que no había pensado. En mi último ensayo, por ejemplo, la idea nun- ca fue “voy a hablar del Antropoceno”. No, no es eso. Es más bien: “esta obra y aquella otra me hicieron ver esto”, y luego volver a algo que había leído, y en seguida leer más para ver mejor, y finalmente reunir ese viaje real y mental en una especie de constelación. Pero creo que ese ya no es el típico ejercicio crítico. Claro, hoymás bienuna buena parte de críticos y aca- démicos piensan el tema primero y luego ven qué obras les sirven para ilustrarlos. Y ahí debe ser difícil que el entusiasmo se filtre… —Eso es pensar el arte como un insumo. Y desde luego no me interesa el arte que ilustra, no me interesa el activismo ingenuo o el puro enunciado ecologista en el arte, que es lo primero que aparece cuando se parte de un tema como este. Me siguen importando mucho las formas. El arte tiene que hacer algo nuevo para que nos conmocione y nos invite a pensar en nuestro tiempo y el rumbo del mundo. Y, por otra parte, pensando en la idea de “ilustrar”, con los años me he dado cuenta de que parte de mi entusiasmo compartido en el comentario o el ensayo está en el ejercicio literario crítico de la écfrasis: disfruto mucho describir las obras… A veces hay colaboradores de la revista que me dicen que les da pereza contar el argumento de una novela, que es la parte más “burocrática”, digamos, de la crítica. Pero entonces les recuerdo una lección del maestro [Ricardo] Piglia que nun- ca olvido: con un adjetivo bien elegido en el recuento del argumento, ya estás haciendo crítica. La écfrasis es, en ese sentido, un ejercicio crítico. Parte del entusiasmo más arte- sanal tiene que ver con eso. Apropósito de Piglia, de quien usted fue alumna, ¿en su época formativa se encontró con profesores o refe- rentes que transmitieran ese entusiasmo? —Sí, por supuesto. El mayor ejemplo es Piglia, claro. Yo vi ahí el goce del pensamiento crítico. En eso es el ejemplo más claro. Pero también trabajé muchos años con Beatriz Sarlo, y su entusiasmo siempre me pareció muy admirable, más allá de su capacidad argumentativa y su curiosidad. [El cineasta argentino] Rafael Filippelli, marido de Sarlo, lo re- sumía con una frase irónica: “ABeatriz, nada de lomoderno le es ajeno”. Esa curiosidad interdisciplinaria, amplia, fue un gran modelo. Pero volviendo al conflicto, teníamos tam- bién muchos intereses y elecciones estéticas o ideológicas irreconciliables, aunque eso también fue un disparador. La disidencia también puede ser un estímulo importante. ¿Estar en desacuerdo con alguien? —Sí, y traigo otro ejemplo reciente: yo había leído Un verdor terrible , de Benjamín Labatut, y me había sorpren- dido mucho, aunque el final en el que vira hacia la ficción me había decepcionado un poco. Después leí maniac y me deslumbró. Pero después me crucé con un par de escritores que respeto que hicieron comentariosmedio despectivos de la novela, y eso fue suficiente para queme sentara a escribir un texto largo sobre el libro con toda la argumentación con- vincente de la que soy capaz. Sí, el conflicto es un estímulo, sin duda, pero sobre todo para defender mis entusiasmos. Hay un ensayo que publicó en Otra parte titulado “Cinco preguntas abiertas sobre la crítica de arte con- temporáneo” y ahí cita un pasaje del diario de Susan Sontag que dice: “¿Qué es? antes de ¿es bueno?”… Y pensando en la descripción como estrategia crítica, también se puede pensar esemomento como el instante en que el crítico pone en juego su escritura, su relación con el lenguaje. ¿Cómo ve eso? —Totalmente de acuerdo. Eso lo escribió Sontag a los 22 años. Y claro, no es que uno desista del juicio crítico que in- defectiblemente se cuela en el comentario. Pero antes hay que describir la obra o el libro con las mejores herramientas del lenguaje. Todavía no sé qué es eso nuevo que vi o leí, pero sale a punzarme, como el punctum de Barthes. Des- cribirlo lo mejor posible, transmitir el entusiasmo que me despierta, seducir incluso al lector como me ha seducido la obra, es un buen punto de partida. 29

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