Palabra Pública N°33 dic 2024 /ene 2025 - Universidad de Chile
(1968), de Liliana Porter, invitaban al espectador a arrugar una hoja y arrojarla contra la pared; sombras pintadas en los muros se confundían con los visitantes en Sombras (1969), y laviolenciapolítica llenabauna sala con lahistórica Masacre de PuertoMontt (1969), de Camnitzer, basada en el asesinato de campesinos perpetrada por el gobierno de Eduardo Frei Montalva en 1969 en el sur de Chile. Las innovaciones es- téticas del conceptualismo, sin embargo, no fueron bien recibidas en la época. —Los periódicos de derecha tendieron a ignorar [la ex- posición] por su ideología izquierdista; y los periódicos de izquierda pensaban que no era arte, que si no había sangre no era arte político —recuerda hoy el artista des- de Nueva York. Medio siglo más tarde, la exposición Porter-Camnitzer: El New York Graphic Workshop en el Museo Nacional de Bellas Artes de Chile, 1969-2024 , abierta hasta el 23 de febrero, re- vive los trabajos del colectivo, cuyos artistas hoy son parte fundamental de la historia del arte latinoamericano. Los años en el rubro han llevado las obras de Camnitzer a las colecciones de los principales museos de Estados Unidos, Europa y Latinoamérica, a la vez que ha publicado influ- yentes libros como De la Coca-Cola al arte boludo (2009), Arte y deshonra (2013) o In-utilidad: el arte como educación (2024), introduciendo nuevas perspectivas al agotado arte contemporáneo: “Sería tonto negar el hecho de que como artistas somos bufones de la corte. Con ese dato aclarado y subrayado, o tenemos que abandonar el quehacer artísti- L os años 60 fueron una década de conflictos: las movilizaciones estudiantiles del mayo francés, la contracultura hippie en Estados Unidos o las luchas por los derechos civiles marcaban una segunda mitad del siglo xx cargada de revueltas contra los valores establecidos. En las artes visuales, las posvanguardias revolucionaban los límites disciplinarios con performances, esculturas minimalistas y obras conceptuales. Fue en este contexto que el artista uruguayo Luis Camnitzer (Lübeck, 1937) llegó a Nueva York, en 1961, gracias a una beca Guggenheim y tras estudiar Bellas Artes en su país. Ahí se integró en la escena de artistas latinoamericanos y conformó, junto a la argentina Liliana Porter y el venezolano José Guillermo Castillo, el New York Graphic Workshop (nygw), un colectivo que tenía como objetivo desafiar las tradiciones conservadoras de la gráfica. Su trabajo es considerado hoy un emblema del conceptualismo latinoamericano. En su calidad de agregado cultural para las Naciones Uni- das, Nemesio Antúnez también recorría por aquellos años las calles deNueva York, y al adentrarse en los círculos de ar- tistas latinoamericanos, se hizo amigo de los integrantes del nygw. Poco después, convertido en el director del Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago, el creador del históri- co Taller 99 de grabado, los invitó a realizar una exposición vanguardista en un Chile donde Juan Pablo Langlois, con Cuerpo blandos (1969), recién anunciaba el advenimiento del arte contemporáneo. En la exhibición, obras como Wrinkle Liliana Porter y Luis Camnitzer en el taller del nygw, en 1965. Crédito: Basil Langton/Colección Liliana Porter 23
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