Palabra Pública N°32 sept - oct 2024 - Universidad de Chile

FicValdivia. Una obra que no ha esta- do exenta de polémicas y que ha sido acusada de ser “propaganda finan- ciada por el octubrismo” por parte de sectores de derecha. El que baila pasa no será el primer documental sobre el estallido, pero sí es el primero en buscar una tor- sión al respecto, intentando plantear un punto de vista más particular. No tanto para juzgar, resolver o descri- bir los hechos, sino para preguntarse quiénes fuimos durante esos días. Se trata de una mirada a ratos antro- pológica, otras veces psicoanalítica, irónica o incluso lúdica, que usa re- gistros como virales, publicaciones en redes sociales y noticias, reutilizando ese material para sumergirnos en el mundo afectivo de la revuelta. Desde una estética del reciclaje, la película usa la saturación y las imá- genes en vertical de reels de TikTok e Instagram, con una sensibilidad gara- ge de bajo presupuesto que utiliza esa precariedad a su favor. A través del montaje, Araya busca darle legibilidad a un momento histórico, situándose a partir de “tropos” o “unidades de sentido” como pueden ser las contra- dicciones de clase, las paradojas del empoderamiento o el contraste tra- gicómico. A ello se le suma música incidental que busca sumergirnos en ciertos sentimientos: algunos níti- dos, otros más bien confusos, cuando no contrapuestos. La película, en ese sentido, se juega en la edición y el discurso, las operaciones de sentido y la necesidad de torcer la mirada para construir una perspectiva propia. Ante la necesidad de reconciliarnos con esa experiencia y esas imágenes, Araya hace bien en encontrarle una vuelta a la historia: al registro viral se agrega una capa de ficción, formulada desde una especie de fantasma que se sumerge en las vivencias, relatos y expectativas de esos días. Así, las imágenes se apartan de la documen- tación pura y dura del momento para representar parte de una memoria y sueño colectivo que, efectivamente, nos ocurrió como país. El estallido como delirio o hipnosis colectiva. ¿Desde qué necesidad más profun- da emergió una “verdad social” que de pronto hizo que un pueblo por años dormido perdiera el miedo al control y al orden disciplinar? ¿Qué lugar le dimos a eso que fuimos y cómo lo vol- veremos a recordar y pensar? ¿Se trató de un “despertar” o más bien de un “sueño colectivo”? El documental nos parece decir que, más allá de negacio- nismos y “octubrismos”, el estallido desnudó las fronteras frágiles de nues- tra identidad, pasando de la violencia traumática al carnaval, de la protesta furiosa al abrazo con el carabinero, del ansia de revolución al cántico de “el que baila pasa” cuando la multitud cerraba las calles. En ese sentido, más allá de una crónica directa —como es el caso de la mayoría de los documentales realizados hasta ahora— o una mi- rada distanciada y algo paternalista —como el caso de Guzmán—, El que baila pasa derrocha algo de cultura plebeya, a través de una mirada ano- nadada de aquello que vivimos como catarsis colectiva. Sin soluciones po- líticas, sin construcción fáctica de los eventos, el documental de Araya trabaja en torno a la ilusión y el des- engaño. Un sueño, cuya resaca ha sido más dura de lo que imaginamos. el que baila pasa 2023, Chile, 71 minutos. Dirección: Carlos Araya Guion: Carlos Araya, María Paz González Productora: María Una Vez 61

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