Palabra Pública N°32 sept - oct 2024 - Universidad de Chile

De esta forma, comenzaron a comercializarse nuevos tranquilizantes para tratar la ansiedad. En 1963 salió a la venta el Valium, una benzodiazepina que era promocio- nada sobre todo entre las mujeres, quienes consumían tranquilizantes tres veces más que los hombres. La cam- paña publicitaria fue diseñada por Arthur Sackler, un psiquiatra y empresario farmacéutico que llegaría a ama- sar una de las mayores fortunas del mundo y que buscaba capitalizar los sentimientos de ansiedad, soledad y vacío que atravesaban las mujeres en los nuevos suburbios. Sin embargo, en los años setenta, los crecientes repor- tes de pacientes con síntomas de abstinencia desataron una reacción negativa contra los tranquilizantes. La re- velación de que generaban dependencia llevó en 1975 a las autoridades sanitarias de Estados Unidos a imponer mayores controles sobre su uso, ya que hasta entonces se recetaban sin restricciones. Mientras su descrédito crecía entre el público, los avances en psicofarmacolo- gía auguraban una nueva píldora milagrosa que, según sus promotores, no era adictiva y tenía pocos efectos se- cundarios: el Prozac. Lanzada al mercado en 1988, el Prozac fue uno de los primeros antidepresivos inhibidores selectivos de la re- captación de serotonina (o isrs). Pronto se convirtió en uno de los medicamentos más utilizados en el mundo, y alcanzaría el estatus de ícono de la cultura pop. Aparecía en portadas de revistas, en programas de televisión como Los sopranos y era objeto de memorias superventas como Prozac Nation (1995), de Elizabeth Wurtzel. La depresión se había generalizado, al punto de reem- plazar a la ansiedad como paradigma de la enfermedad nerviosa. Un nuevo sistema de diagnóstico, el marketing de las compañías farmacéuticas y las campañas naciona- les de educación la pusieron en el centro de la atención en salud mental. Todo malestar era etiquetado como de- presión, tanto por el sistema de tratamiento como por los propios pacientes. Para Andrea Kottow, “la depresión res- ponde al estado del mundo; parece estar vinculada a esa sensación un poco apocalíptica, de la pospolítica, del fin de la comunidad, de la destrucción del planeta, que impi- de una visión abierta hacia el futuro”. El éxito del Prozac consistió no solo en que prometía curar esa enfermedad, sino en que además “ayudaría a las personas a esculpir personalidades socialmente atracti- vas”, escribe Herzberg. Desde su introducción en la práctica médica, los psi- cofármacos —una de las industrias más rentables del mundo— se han convertido en la base principal del tra- tamiento psiquiátrico moderno, a pesar de que “su avance a lo largo de la historia no ha sido tanto en su efectividad como en la disminución de los efectos secundarios y de las reacciones adversas”, afirma Pablo Salinas. Miguel Medina/AFP 44

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